¿Cuántas personas conoces que usan el automóvil y se niegan a cambiar su modo de transporte pese a tener mejores alternativas? La respuesta probablemente es muchas, incluso tú puedes ser una, pero tranquila, no te estoy juzgando. Muchos de nosotros tomamos decisiones como: usar la misma ruta de transporte una y otra vez, por la misma razón, así conozcamos otras rutas que puedan ser mejores. En este punto, es en donde se une la movilidad a la psicología, pues esta última nos ayuda a entender por qué las personas tomamos ciertas decisiones.

A diferencia de la ingeniería que estudia los suelos, las aguas, las estructuras de concreto o metálicas, la ingeniería de tránsito y transporte se enfoca en algo No Newtoniano, las personas. Por esto, las leyes de la física que tanto amamos y que nos permiten comprender la naturaleza de los materiales no se aplican y debemos recurrir a entender la complejidad de la mente humana. La psicología nos da herramientas para comprender el comportamiento humano, porque no siempre es la lógica y la razón la que impulsa nuestras decisiones y, por lo tanto, no somos tan predecibles como creemos o como quisiéramos los ingenieros.
Regresando a nuestro ejemplo de porqué seguimos usando la misma ruta, quiero que conozcan una teoría que aboga a dar una respuesta a ese comportamiento, se llama la inercia psicológica. En el artículo de investigación “Revelando la inercia psicológica en el comportamiento de cambio de modo y sus influencias cuantitativas en los viajes de trabajo” de Gao et al, 2020, nos explican que la preferencia racional representa la predilección racional de un individuo en su juicio consciente, mientras que la inercia psicológica representa la conducción automática de la conducta sin un pensamiento explícito. Para ser más exactos, la inercia psicológica tiene 3 propiedades: 1) es aprendida a partir de conductas repetitivas, 2) se desencadenada por procesos relacionados con el contexto y se basa en guiones, y 3) conduce a un comportamiento automático sin conciencia.
Desarrollando esta teoría tendríamos que en un momento en el pasado nuestros factores psicológicos junto con nuestros atributos personales y las características de las alternativas de los modos de transporte, crearon un comportamiento en el pasado, que a su vez generó una experiencia y una preferencia racional. Pero como todo cambia, el yo del presente o del futuro puede tener atributos personales y factores psicológicos diferentes al del pasado, así mismo, las características de alternativas de modos de transporte también pueden haber cambiado, sin embargo, es muy probable que no cambiemos nuestra selección de alternativas de transporte. A esta tendencia, a no cambiar como moverse, se le diría que es un comportamiento influenciado por la inercia psicológica. En el gráfico a continuación adaptado de Gao et al 2020, se resume esta teoría.
Fuente: Gao et al, 2020
¿Y cómo llegaron los investigadores a esta conclusión? Mediante encuestas a usuarios y usuarias de Metro y automóvil en la ciudad de Shangai, China. En donde se contemplaban los modos de transporte de automóvil privado, metro, bus y taxi. Quienes tomaban la encuesta eran indagados sobre su modo de transporte actual, y luego se les planteaba unos escenarios en donde sucedían cambios en esa elección como aumento de tarifas o cambios en la localización del sitio de trabajo, y nuevamente les planteaban todas las alternativas que tienen para transportarse. Como resultado, los mismos viajeros mostraron significativamente mayor predilección frente al modo de transporte previo en escenarios de cambio de modo tanto como en un nuevo contexto de cambio de escenarios, lo que respalda que la inercia psicológica juega un papel crucial en el comportamiento de cambio de modo.
¿Y bueno porqué es importante esto? ¿Qué tiene que ver el comportamiento de unos chinos en que yo siga usando la misma ruta o en que no quiera dejar mi automóvil? Por varias razones, la primera es que necesitamos conocer a las personas, qué las motiva, cómo actúan para poder plantearles opciones de transporte sostenibles. La segunda es que los humanos no siempre somos racionales en nuestra selección de modo de transporte, y muchas veces usamos nuestro “piloto automático” para la toma de decisiones rutinarias, esto incluye la movilidad. Y tercero y más importante, porque nuestras decisiones consientes dependen de nuestra experiencia y si no generamos experiencias placenteras, cuando una persona decide cambiar su modo de transporte, la inercia psicológica seguirá jugando en contra de modos de transporte que impacten de manera positiva la movilidad, como los modos no motorizados o el uso de transporte público.
Y pensando fuera de la caja…
¿Cuántas acciones a nuestro alrededor se realizan bajo la influencia de la inercia psicológica?
¿Cómo podríamos mejorar la experiencia de nuestros usuarios y usuarias para vencer su inercia psicológica y prefieran medios de transporte sostenibles?


